cartas + 2009 Junio 21 - HASTA LUEGO MANOLO!

 

Nuestra asamblea en la capilla de la Universidad Salesiana para compartir el pan, como decían los primeros cristianos, en memoria de Manolo y para decirle “hasta luego”, me parece altamente simbólico. Dos etapas importante en la vida de Manolo, aparentemente contradictorias, la de su trabajo en esta Universidad y el de su vida con Loretta, manifiestan su profunda unidad y coherencia, incluyendo también las etapas intermediarias, del primer matrimonio y de el trabajo en el ENAIP.

 

Durante toda su vida, Manolo ha sido fiel al Evangelio de Jesús y en particular a la preferencia por los pobres que fue el carisma de Juan Bosco. Hay fieldades externas no menos exigentes y coherentes que las internas y a veces es necesario cambiar de camino para alcanzar el objetivo y quedarse fiel a la propia vocación.

 

Tuve la suerte de estar al lado de Manolo en estas dos etapas de su vida. Desde el inicio de mi trabajo en la Universidad en el 1958, nos unió una profunda amistad. Junto a don Braido, Grasso, Calonghi, Bellerate y otros colegas, unidos por sentimientos de amistad, hemos trabajado con entusiasmo para elaborar una pedagogía científica, moderna, dinámica, fiel a los valores de la pedagogía de la amista de Juan Bosco, al servicio de los jóvenes “pobres y abandonados”. Junto con Giulio Gerardi, Ramos Regidor, Bruno Bellerate, Tracisio Bertone, (actual canciller del Vaticano) y otros del “grupo de los ni siquiera veinte”, hemos reflexionado como volver nuestras vidas y las instituciones de las que hacíamos parte, más coherentes con la renovación evangélica promovida por el Papa Juan y el Consejo Vaticano II.

 

Después nuestros caminos se separaron aunque si estaba en contacto con Manolo. Nos volvimos a encontrar gracias a Loretta, nuestra amiga en común con la que se casó y de su amor nació una niña esplendida, Giorgia. Muy de frecuente nos encontrábamos y casi cada día, también cuando estaba en Guatemala por largos periodos, estábamos en comunicación. Hemos hablado mucho, y lo he encontrado fiel a las elecciones de su vida, al evangelio, al servicio de los más débiles que ayudaba con el optimo trabajo de psicoterapeuta que para él era servicio y no enriquecimiento. Manolo y Loretta apoyaban a las muchachas y muchachos de la calle del Guatemala, eran socios de Amistrada, red de amistad con las muchachas y muchachos de la calle (www.amistrada.net), recibían a sus representantes cuando venían a Roma. Y hoy todavía, Mayra, Lorena, Kenia y María Elena se acuerdan de esa casa acogedora y de Manolo que recibía con una exquisita atención y las escuchaba. Manolo sabía escuchar.

 

Loretta me pidió de decirles que las ofertas que haremos hoy serán destinadas al Movimiento de los jóvenes de la Calle para ayudar a las muchachas y muchachos a realizar los propios sueños.

 

En la última etapa de la vida se recogen los frutos de toda una existencia. A menudo Manolo me decía cuanto era linda, feliz la vida con Loretta y su hija de la cual estaba orgulloso, padre presente, respetuoso y tierno. Loretta te agradezco por la felicidad que has regalado a mi hermano Manolo.

En tiempos de su enfermedad lo has acompañado con una admirable y sobrehumana dedicación. Manolo estaba también contento del acuerdo entre Loretta, Giorgia y sus hijos Enrico y Manuel. He visto como él y Loretta eran contentos cuando Giorgia llamava a Enrico por largas charlas al teléfono. Enrico, ahora que tu padre no está físicamente presente, tú presencia se vuelve muy importante.

 

El miércoles pasado llegue demasiado tarde a Chieti para hablar contigo, Manolo. Todavía te latía el corazón pero ya estabas en otro lugar. Sabía lo que me habrías preguntado y tú sabias lo que te habría contestado, que todas las amigas y amigos que te habían verdaderamente amado, que habían comprendido tus elecciones, que se habían realegrado de la felicidad que hemos sentido en el amor de Loretta y de Giorgia, seguirán estando al lado de tu mujer y tu hija.

 

Quisiera concluir con unas palabras inspiradas al libro de Job. Manolo, amigo fiel, compañero de la calle, hermano de corazón, te veo como eres ahora, joven de una esplendente belleza, esa belleza conmovedora de los jóvenes cuando aman y son amados. Tu estas de pié de frente a Dios, lo miras en los ojos y El no aparta la mirada.

 

Gerardo

Roma, 20 de Junio del 2009